lunes, 23 de diciembre de 2013

LA EDUCACIÓN Y LA INTERVENCIÓN DE LA FAMILIA
 
 
Es frecuente escuchar de los padres quejas acerca de lo deficiente que es hoy en día la educación que se les brinda a sus hijos, la falta de valores que se expresa en las instituciones educativas y muchas otras diatribas, sin embargo, es muy raro e infrecuente escuchar que algún padre evalué su participación en la educación de sus pupilos, que les dedique tiempo, supervise su trabajo escolar, se comprometa con el porvenir, les enseñen a valorar la vida y amar a su prójimo, sustentándolo en valores humanos racionales.
 
Las escuelas se ven en muchos casos atadas de  manos ante la imposibilidad de generar espacios en los que los estudiantes generen sus propias motivaciones para el estudio, hoy no se puede obligar a permanecer ni siquiera en el aula, pues el contexto en el que la mayoría de ellos se desarrolla esta plagado de mensajes subliminales en los que se expresa la poca disposición para el estudio y si bastante espacio para el esparcimiento, el trabajo fácil, el poco aprecio por la vivencia de los valores, el afán de progreso sin mucho esfuerzo y otros beneficios que solo son sueños de niños sin bases ni sustento material ni humano.
 
Los padres deben comprometerse a participar activamente en la educación de sus hijos así el contexto tendría una mínima influencia en los jóvenes estudiantes.  Los niños y adolescentes necesitan de la dirección permanente de los padres, la orientación que les permita desarrollar responsablemente. Los padres debemos organizar el día a día de nuestros hijos, darles obligaciones a cumplir, salvo motivos de salud, que laven su ropa, planchen, aseen su dormitorio aun si tienen ayuda domestica; proporcionarles actividades artísticas y deportivas que mantengan ocupadas sus mentes y relajados sus músculos para evitar se sumerjan en las drogas u otros vicios. Evitemos cumplir sus caprichos y premiemos adecuadamente su responsabilidad y respeto.